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Ejercicio de análisis, argumentación y comprensión de lectura. En torno a Kant.


En el texto “¿Qué es la ilustración?” Immanuel Kant nos explica que  la ilustración es la salida del hombre de la minoría de edad causada por él mismo. Esto significa una incapacidad para servirse del propio entendimiento sin la necesidad de ser guiado por otro y nos dice que el hombre mismo, siempre y cuando no padezca de una falta de entendimiento, es el culpable de dicha minoría de edad, debido especialmente a una falta de decisión y arrojo para salir de ella. Tanto así que el lema de la ilustración es “Ten valor para servirte de tu propio entendimiento”.

Para esta ilustración tan solo se requiere libertad y en especial la libertad a hacer uso público de la propia razón. El uso público de la razón tiene que ser siempre libre y es el único que puede procurar ilustración entre los hombres. Por uso público de razón propia se entiende aquel que cualquiera puede hacer, ante todo ese público que configura el mundo de los lectores. Se denomina uso privado al que cabe hacer de la propia razón en un determinado puesto civil que se le haya confiado. Para explicarnos mejor esta diferencia Kant expone varios ejemplos y uno de estos es el siguiente. Un hombre que se encuentra en el ejercito, al recibir una orden de un superior, debe cumplirla, pues no estaría bien que anduviera refutando lo que se le manda, así su razón privada le indique lo contrario. Sin embargo, como ser con capacidades intelectuales y de razonamiento, si podría hacer uso, ya fuera por un medio escrito o por cualquier otro de la razón publica y con esto expresar sus ideas o puntos de vista acerca de sus inconformidades con la entidad a la que pertenece. Esto se aplicaría no solo a un militar, sino también a un cura, un político, etc.  

“Puesto que el filosofo no puede presuponer en los hombres y su actuación global ningún propósito racional propio, a este no le queda otro recurso que intentar descubrir en este absurdo decurso de las cosas humanas una intención de la naturaleza… es decir, un plan.”[1] Este plan que la naturaleza tiene con el hombre, es además de elevarlo desde la más vasta tosquedad hasta la máxima destreza, hasta la perfección interna del modo de pensar y, por ende, hasta la felicidad. La naturaleza sigue aquí un curso regular que conduce paulatinamente a nuestra especie desde un nivel inferior de la animalidad hasta el nivel supremo de la humanidad y al final acabará por constituirse aquello que la naturaleza alberga como su propósito más elevado: un Estado cosmopolita universal en cuyo seno se desplieguen alguna vez todas las disposiciones originarias de la especie humana.
              
Existen nueve principios que Kant encuentra. En ellos se basa para explicar su teoría sobre el plan de la naturaleza en las especies. En el primero de estos nueve principios y en el único que nos detendremos con detalle, Kant nos habla sobre la razón teleológica,  esto quiere decir que todas las disposiciones naturales de una criatura están destinadas a desarrollarse alguna vez completamente y con arreglo a un fin, es decir, que un órgano que no debe ser utilizado, una disposición que no alcanza su finalidad, supondría una contradicción en la doctrina de la naturaleza. Y aceptarlo significaría que no existiría una naturaleza que actúe conforme a leyes, sino una naturaleza que no conduce a nada,  viniendo a ocupar entonces una desazonante casualidad, el puesto que le corresponde al hilo conductor de la razón.

Todas las disposiciones naturales en los seres y en especial en el hombre todas aquellas que tienden al uso de la razón se desarrollan por completo en la especie y no en el individuo y el medio del que se sirve la naturaleza para llevar a cabo el desarrollo de sus disposiciones es el antagonismo de las mismas dentro de la sociedad. “Entiéndase por antagonismo la insociable sociabilidad de los hombres, esto quiere decir, el que su propensión a vivir en sociedad sea inseparable de una oposición que amenaza constantemente con disolver esa sociedad, pues si bien es cierto que el hombre tiene una disposición a socializar ya que en este estado siente más su condición de hombre, también es cierto que tiene una fuerte propensión a aislarse, porque encuentra en sí mismo la insociable cualidad de querer doblegar todo a sus caprichos y, como se sabe inclinado a oponerse a los demás, espera encontrar esa misma resistencia por doquier.” (Kant. Pág. 103). Esa resistencia es aquello que despierta todas las fuerzas del hombre, obligándolo a mejorar y a querer ser mejor entre sus congéneres; así se dan los primeros pasos desde la barbarie hacia la cultura. En conclusión la sociable insociabilidad es  necesaria en el hombre y sin los atributos (poco amables) de la insociabilidad de donde nace la resistencia, todos los talentos quedarían eternamente ocultos, en medio de una idílica vida donde reinarían la más perfecta armonía, la frugalidad y el conformismo y por lo tanto, no se llenaría el vacío de la creación atendiendo a su fin como naturaleza racional.

A pesar de la proclive y simultanea insociabilidad del hombre e independientemente de que este sea tan propenso a poseer una libertad sin ataduras, él es un animal que, cuando vive entre los de especie, le hace falta un señor. Ya que como en la mayoría de los casos el hombre abusa de su libertad con respecto a sus semejantes y, a pesar de desear una ley que ponga limites a la libertad de todos, su egoísta inclinación animal le inducirá a exceptuarse a sí mismo de esta ley o leyes. Precisa por tanto todo hombre de un señor que quebrante su propia voluntad y le obligue a obedecer a una voluntad universalmente válida con la que cada cual pueda ser libre. Así mismo este señor que no será otro más que otro hombre, necesitaré de algo o alguien que controle también sus libertades. No obstante al ser esto muy difícil debido a la madera retorcida de la que esta hecho el hombre,[2] se requerirá de muchos intentos y de una gran experiencia para conseguir un orden perfectamente justo, como tarea más alta de la naturaleza con la especie humana.
Para conseguir dicho propósito es indispensable que en toda sociedad civil se encuentren una serie de componentes políticos, morales y estético-culturales, ya que es de suma importancia implantar medidas políticas que no limiten el crecimiento interior, ni intelectual (ilustración), de los individuos en la dicha sociedad y es gracias a la ciencia y al arte que ésta es cada ves más culta[3]. Los estados no deben impedir al ciudadano buscar su prosperidad según el modo que mejor le parezca, siempre y cuando este modo sea compatible con la libertad de los demás; por ello los estados deben procurar estrategias que inculquen valores morales tales como el respeto y la honestidad, pero principalmente dirigidos a la formación interna del ciudadano, o de lo contrario si esta moralidad al restringirse únicamente a “la costumbre” de la honestidad y de los buenos modales externos, no dejaría de ser una mera civilización de apariencia y deslumbrante miseria que no concordaría con la meta final de una verdadera sociedad civil.

Finalmente la proposición “Idea de una historia universal en sentido cosmopolita”, hace referencia a la idea de el filosofo Immanuel Kant, de recrear una historia en donde la naturaleza tiene un papel fundamental como ente urdidor de un plan cuyo objetivo es llevar a la humanidad al desarrollo total de sus capacidades, logrando con ello una evolución que tenga en cuenta a todas las demás especies. Esta manera alterna de recrear la historia, (que además tiene mucho sentido si analizamos los procesos humanos desde sus inicios) nos invita a comprender que no somos nosotros, lo seres humanos, los que decidimos totalmente los procesos de nuestra existencia, sino que con el solo hecho de que seamos de naturaleza, racionales y hostiles, ya podemos presuponer un plan por parte de la naturaleza que busca hacernos mejores seres en la medida en que el tiempo transcurre. Nos invita también a imaginar que en la posteridad se desarrollará un estado cosmopolita, en el cual sin que desaparezca la diferencia, si se llegue a una justicia que permita a cada individuo desarrollarse libremente en comunidad, pues una constitución civil perfectamente justa, tiene que ser la tarea más alta de la naturaleza para con la especie humana.  









Bibliografía:


-          Respuesta a la pregunta ¿Qué es la ilustración? Y otros escritos. Kant Immanuel. Ed. Alianza 1987.
-          Ideas para una historia universal en clave cosmopolita. Kant Immanuel. Ed. Tecnos 1987.







[1] KANT, Immanuel. ¿Qué es la ilustración? Y otros escritos. Ed. Alianza. Pág. 98.
[2] Ibíd. Pág. 106. 
[3] Ibíd. Pág. 111.

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