Ir al contenido principal

La ética como ser, la moral como deber ser.


En el presente escrito se pretende analizar la propuesta ética de Baruch de Spinoza, contrastando su postura con algunas apreciaciones que para el tema presentan algunos reconocidos pensadores como: Hume, P. Ricoeur y Emanuel Kant, intentando establecer las similitudes y las diferencias de los conceptos ética y moral como elementos que permiten acceder a una más clara comprensión del actuar humano y su finalidad.

Palabras claves:

Ética, moral, Spinoza, Hume, Ricoeur, Kant, diferencia, teleología, deontología y ley.  

Desarrollo

Ética y moral, dos términos considerados frecuentemente como sinónimos debido a su origen etimológico, pues aunque uno provenga del latín y el otro del griego,  al realizar una traducción superficial significan lo mismo, haciendo referencia los dos a la idea de “costumbres”.[1] No obstante, yendo un poco más allá de su simple definición etimológica, se puede observar que dichos términos han sido objeto de estudio de un gran número de pensadores, entre ellos los mencionados anteriormente. Si bien tanta reflección sobre la ética y la moral no ha conseguido establecer un único criterio eliminando la polemización en cuanto a los términos, si ha logrado establecer ciertos criterios de diferenciación que parecen ser aceptados como definiciones validas respecto a la relación que se les aplica, pues la ética se refiere directamente al actuar mismo de la persona y la moral a lo que se le impone a esa persona para que actúe; con base en lo anterior muchos autores han coincidido en aceptar la primacía de la ética sobre la moral. No obstante algunos de ellos como Spinoza han sido más radicales en esta idea afirmando que la moral es un mal al individuo y que este debe intentar prescindir de ella. Para sustentar esta idea me permitiré citar textualmente algunos apartes de los comentarios escritos por el filosofo Gilles Deleuze acerca del pensamiento de espinosa y en especial sobre su concepción respecto a la ética y la moral[2], pero no sin antes aclarar que la extensión de dicha cita es necesaria para comprender la idea.  

“La ilusión de los valores está unida a la ilusión de la conciencia; como la conciencia es ignorante por esencia, como ignora el orden de las causas y las leyes, de las relaciones y sus composiciones, como se conforma con esperar y recoger el efecto, desconoce por completo la naturaleza. Ahora bien, para moralizar, basta con no comprender. Resulta claro que, en el momento en que no la comprendemos, una ley se nos muestra bajo la especie moral de una obligación… “solo por analogía se aplica la palabra ley a las cosas naturales; por ley no se acostumbra entender otra cosa que un mandato…”[3] -y continúa-, como dice Nietzsche “…más vale evitar la palabra ley, que tiene un regusto moral”… La ley Moral es un deber, no tiene otro efecto ni finalidad que la obediencia… La ley es siempre la instancia trascendente que determina la oposición de los valores Bien-mal; el conocimiento, en cambio, es la potencia inmanente que determina la diferencia cualitativa entre los modos de existencia bueno-malo.
    En Spinoza se encuentra una filosofía de la vida; consiste precisamente en denunciar todo lo que nos separa de la vida, todos estos valores trascendentes puestos contra la vida… -En la siguiente frase encontramos el argumento más fuerte que demuestra el “amoralismo” de Spinoza-  La verdadera ciudad propone a los ciudadanos más el amor a la libertad que esperanzas de recompensa o incluso la seguridad de los bienes; pues “a los esclavos y no a los hombres libres es a quienes se recompensa por su buen comportamiento”.[4]   

Para Hume el “deber ser se opone al ser”;[5] en esta afirmación y con base a la cita mencionada anteriormente, podemos encontrar una gran similitud entre estos dos pensadores respecto al tema “ética y moral”, ¿pero seguir esta postura, significaría entonces, dar rienda suelta a nuestras pasiones e instintos animales, omitiendo toda regla moral? ¿Qué querría decir esto? ¿Acaso que viviéramos en sistemas anárquicos en los cuales cada individuo transitara por el mundo haciendo lo que él mismo considerase bueno y provechoso para sí? Es decir, sistemas en los cuales no existan convenios o reglas de convivencia que garantizaran la convivencia pacifica entre las especies.

Al respecto el filosofo Frances P. Ricoeur considera que si bien debe existir una primacía de la ética sobre la moral, lo deontológico (moral) está subordinado a lo teleológico (ética), esto significaría que dicho vinculo podría ser menos infranqueable, que la distancia entre uno y otro no son tan lejanas y que para que exista el uno, no es necesario prescindir del otro. Para demostrarlo, Ricoeur parte de dos tesis fundacionales, por un lado la aristotélica, en la que la ética se caracteriza por su perspectiva teleológica, y por otro la kantiana, en la que la moral se define por el carácter de obligación de la norma, es decir, por un punto de vista deontológico. Ahora, si para Ricoeur, la ética aparece como la finalidad de la acción o de una vida, por encima de la moral, por lo tanto, se establece la primacía de una sobre la otra (como ya se mencionó anteriormente),  se aclara que no prescinde una de la otra, sino que el objetivo ético (finalidad) debe examinar y seleccionar concienzudamente la norma; ya sea para crearla, modificarla o saber si es la indicada.[6]

En conclusión, con otras palabras, la moral solo constituiría una efectuación limitada, y la ética, en este sentido incluiría a la moral. Se establecería entonces entre las dos herencias una relación a la vez de subordinación y de complementariedad, reforzada, por el recurso final de la moral a la ética.[7]       

Ricoeur plantea entonces la articulación entre objetivo teleológico y momento deontológico, llevados a la praxis: bueno y obligatorio. El primero corresponderá a la estima de sí y el segundo al respeto de sí. Así estos dos representan conjuntamente los estadios más avanzados, que son, al mismo tiempo, un despliegue de la identidad.[8]

Para Emanuel Kant, parece fundamental la distinción entre el esfuerzo que llevamos a cabo, motivados por nuestros deseos para conseguir la felicidad y el esfuerzo con que, motivados por la razón, procuramos hacer el bien, no por conveniencia, sino por respeto a la ley moral;[9] es decir que, para Kant, es fundamental el cumplimiento de las leyes, por encima de los deseos del individuo; este postulado no necesariamente significa,  “que el deber ser se oponga al ser”, parece más bien que quiere decir que, “el ser, debe ser”. Dicha postura, tiende a parecer limitante y aún más que eso, represiva, coartando la libertad del individuo y la adquisición de razonamientos propios que conduzcan sus determinaciones hacia fines acertados.
Respecto al punto de vista Kantiano sobre el uso practico de la ética y la moral, encontramos un punto de choque con relación al enfoque espinosista sobre el mismo tema.

Teniendo, pues, estos puntos de vista referentes a los conceptos de ética y moral, como conceptos fundamentales para determinar y establecer el actuar humano con sí mismo y su entorno, propongo examinar ahora un poco más de cerca la propuesta ética de Spinoza, para finalmente intentar determinar, no solo cual de cada una de las tesis propuestas puede tener más validez, a pesar de sus conexiones y similitudes como tesis formuladas por hombres éticos, sino cuan importante y necesaria es realmente la moral humana para el desarrollo del individuo y las instituciones.[10]

Para Spinoza existe una sola substancia que consta de una infinidad de atributos y “las criaturas”, son solo modos de estos atributos o modificaciones de esta substancia.[11] Esto es, “Dios no es otra cosa que potencia creativa, y todo lo que existe es manifestación de dicha potencia…” (BULA, G. Pág. 7) En esta tesis se observa la negación de la existencia de un Dios moral. Spinoza propone al ser humano y a todos los demás cuerpos, como procesos que buscan aumentar su poder de obrar, por ende su propio beneficio; es decir, que tienen conatos: “Cada cosa se esfuerza, en cuanto está a su alcance, por perseverar en su ser”. [12] Para Spinoza, los cuerpos se relacionan permanentemente con otros cuerpos y las almas con otras almas; la cuestión radica en la manera de relacionarse, pues hay encuentros que perjudican y otros que fortifican o benefician. Los que perjudican descomponen, entristecen, esto es, afectan de manera negativa nuestras intuiciones y experiencias con el mundo, poniendo en riesgo “la felicidad” a estos encuentros Spinoza los llamará “malos”; por el contrario los encuentros que benefician la esencia del ser y le contribuyen en el esfuerzo de perseverar en su ser y conseguir la felicidad, Spinoza los llamará buenos, transponiendo así, los conceptos morales bien y mal, por buenos y malos. (Véase cita numero dos del presente trabajo).

En resumen lo bueno compone y lo malo descompone. En esta medida, Spinoza argumenta que el ser, en el esfuerzo de perseverar en sí mismo, es decir en su esencia o en su propia causa, siempre buscará su beneficio, pero ¿No legitima esto el mal, en el caso de que algún individuo, buscando su propio beneficio afecte sin medida e importancia a quien se preste a su encuentro? La respuesta radica en que en la medida que la norma no exista, el individuo tendrá que valerse de la ética para conseguir su subsistencia, buscando establecer así, buenos encuentros, encuentros que aumenten su poder de obrar, su campo de acción y su acercamiento a la felicidad; “pues de lo contrario será considerado débil, o insensato, por lanzarse a la ruleta de los encuentros conformándose con sufrir los efectos, sin que esto acalle sus quejas y acusaciones, cada vez que el efecto sufrido se muestre contrario”.[13] En otras palabras terminará destruyéndose a sí mismo si no comprende su relación con todo lo que le rodea, y su pertenencia como totalidad a una totalidad aún mayor.

¿Seguiría siendo necesaria la moral para alcanzar la felicidad, la perseverancia en el ser y para establecer encuentros de índole positiva con otros cuerpos? Para poder ofrecer una respuesta aproximada a esta pregunta, primero debo decir, que comparto la postura espinosista de la necesidad de una ausencia de moral, para alcanzar la libertad y vencer la tiranía y las limitaciones de la ilusión teológica[14].

Entendiendo moral como deber ser y ética como ser, finalmente se podría afirmar que la  ética remplaza a la moral, permitiéndole de esta manera al ser, desarrollarse libre en busca de su propia felicidad, claro está, teniendo en cuenta, como dice Deleuze, que la ética es una tipología de los modos inmanentes de existencia.

“En la medida en que por medio del cultivo de la razón, concuerda con el resto del universo, lo percibiremos como una sola cosa con éste, y como una parte del todo… el cultivo de la razón coincidirá en Spinoza con el desarrollo ético-afectivo…” (BULA, Germán. Pág. 5).

En conclusión, la filosofía de Spinoza, no solo es una filosofía de la vida, que propone la libertad, menos que esperanzas de recompensa, sino una invitación a que cada individuo se haga responsable de sus propios actos.           
 



Bibliografía:

-          DELEUZE, Gilles. Spinoza: Filosofía práctica. Ed. Fabula Tusquets. Barcelona 2009
-          HUME, D. Tratado de la naturaleza humana. París 1968.
-          RICOEUR, Paul. Sí mismo como otro. España 2006. Editorial siglo XXI.
-          BULA, Germán. Spinoza: empoderamiento y ética de la composición.

 


[1] RICOEUR, Paul. Sí mismo como otro. España 2006. Editorial siglo XXI. Pág. 174.
[2] DELEUZE, Gilles. Spinoza: Filosofía práctica. Ed. Fabula Tusquets. Barcelona 2009. Págs. 34 a 39.
[3] SPINOSA, Baruch. Tratado teológico-político, cap. 4.
[4] Ibíd. Cap. X, 8.
[5] HUME, D. Tratado de la naturaleza humana. París 1968.
[6] RICOEUR, Paul. Sí mismo como otro. España 2006. Editorial siglo XXI. Págs. 174, 175 y 176.
[7] Ibíd. 175.
[8] Ibíd. 175.
[9] BULA, Germán. Spinoza: empoderamiento y ética de la composición.
[10] Sobre la definición del término instituciones véase: RICOEUR, Paul. Sí mismo como otro. España 2006. Editorial siglo XXI. Pág. 203.
[11] DELEUZE, Gilles. Spinoza: Filosofía práctica. Ed. Fabula Tusquets. Barcelona 2009. Págs. 27.
[12] BULA, Germán. Spinoza: empoderamiento y ética de la composición. (Eth, 3p6)
[13] DELEUZE, Gilles. Spinoza: Filosofía práctica. Ed. Fabula Tusquets. Barcelona 2009. Págs. 33.
[14] DELEUZE, Gilles. Spinoza: Filosofía práctica. Ed. Fabula Tusquets. Barcelona 2009. Págs. 30.


Comentarios

Entradas populares de este blog

EL BANQUETE: ANÁLISIS SOBRE EL DISCURSO DE FEDRO

El presente ensayo se referirá a uno de los diálogos más destacados y alabados escritos por Platón, y con justa razón me parece que debe recibir halagos, pues la coherencia de las conversaciones y la claridad y majestuosidad con que estas se desarrollan, le dan la característica de ser una obra muy agradable en el ejercicio de la lectura y de lograr con ello involucrar al lector de tal forma, que puede despertar en él múltiples sensaciones, es decir, que el lector puede sentirse tan involucrado por los discursos allí pronunciados, hasta el punto de sentir vergüenza, desacuerdo, inconformismo o adhesión a algunas de las definiciones sobre el amor, que nos presenta el autor en “el Banquete”. El Banquete está conformado por una serie de diálogos que transcurren entre hombres cultos de Grecia y durante la época anterior a la conocida como era cristiana, cuyo tema central es el amor; en donde el filosofo consigue expresar dicho sentimiento en todas sus formas posibles, elevándolo a la...

Heráclito ¿El oscuro o de lo oscuro?

“Heráclito el oscuro”: Al escuchar este sobrenombre es fácil imaginar, que el complemento oscuro para Heráclito, le fue dado por algunas determinadas características que él debía poseer, como por ejemplo, que era un personaje con un pensamiento existencialista, negativo y hasta pesimista, que todo para él era desastre, caos y que su filosofía tiende a la decadencia, o por lo menos a mí, es a esos conceptos a los que me remonta   la palabra oscuro “cuando se le asigna como predicado a un sujeto”. Para conocer la filosofía de Heráclito lo único que ha llagado hasta nuestros días son sus aforismos y entiéndase por estos una sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte , razón por la cual, a mi parecer, no se les debe llamar   fragmentos, ya que estos son trozos de una obra literaria o musical, es decir, una parte conservada de un libro o un escrito ; los aforismos de Heráclito no hacen parte de una obra intelectual completa, sino que cada ...

Bogotá - Armenia

Durante casi 200 Km, es decir, hasta el punto en que se toma hacia Ibagué ó Cajamarca, la vía es excelente (doble calzada, buen pavimento y muchas rectas). Pero en el punto en el que se toma el camino hacia el municipio de Cajamarca en el departamento del Tolima, hay demasiadas curvas, lo cual hace del recorrido algo lento, a eso hay que sumarle la cantidad de camiones que transitan la carretera, que por ser de un solo carril, hace difícil adelantar. Es recomendable llenar el tanque de gasolina antes de tomar esta vía, ya que hasta el pueblo (Cajamarca), no se encuentran estaciones de servicio de gasolina y hay muy pocos lugares para parar.  Pasando Cajamarca, comienza lo que se conoce como  La linea,  (nombre curioso teniendo en cuenta que es una vía que tiene más curvas que la que se mencionó anteriormente) .  Por fortuna, se espera que en poco tiempo entreguen terminados los trabajos viales que allí se realizan, y que reducirán en gran cantidad de tiempo, e...